miércoles, 12 de abril de 2017

Comentario de un fragmento de Réquiem por un campesino español / R.J. Sender.



Réquiem por un campesino español / R.J. Sender.

Desde la sacristía, mosén Millán recordaba la horrible confusión de aquellos días, y se sentía atribulado y confuso. Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera, que, sin embargo, parecía educada. Y don Valeriano se lamentaba de lo que sucedía y al mismo tiempo empujaba a los señoritos de la ciudad a matar más gente. Pensaba el cura en Paco. Su padre estaba en aquellos días en casa. Cástulo Pérez lo había garantizado diciendo que era trigo limpio. Los otros ricos no se atrevían a hacer nada contra él esperando echarle mano al hijo.
Nadie más que el padre de Paco sabía dónde su hijo estaba. Mosén Millán fue a su casa.
-Lo que está sucediendo en el pueblo -dijo- es horrible y no tiene nombre.
El padre de Paco lo escuchaba sin responder, un poco pálido. El cura siguió hablando. Vio ir y venir a la joven esposa como una sombra, sin reír ni llorar. Nadie lloraba y nadie reía en el pueblo. Mosén Millán pensaba que sin risa y sin llanto la vida podía ser horrible como una pesadilla.
Por uno de esos movimientos en los que la amistad tiene a veces necesidad de mostrarse meritoria, mosén Millán dio la impresión de que sabía dónde estaba escondido Paco. Dando a entender que lo sabía, el padre y la esposa tenían que agradecerle su silencio. No dijo el cura concretamente que lo supiera, pero lo dejó entender. La ironía de la vida quiso que el padre de Paco cayera en aquella trampa. Miró al cura pensando precisamente lo que mosén Millán quería que pensara: «Si lo sabe, y no ha ido con el soplo, es un hombre honrado y enterizo». Esta reflexión le hizo sentirse mejor.

RESUMEN.
Mientras mosén Millán espera en la sacristía el comienzo de la misa de réquiem, un año después de la muerte de Paco el del Molino, rememora los acontecimientos que acaecieron en el pueblo desde la llegada de un grupo de forasteros que se dedicó a asesinar a los vecinos. De esos días, también recuerda la desaparición de Paco y la visita que él realizó a su familia, cuyo padre era el único que sabía el paradero de su hijo y al que paradójicamente los señoritos no le habían acosado por haber sido protegido por don Cástulo. En esa entrevista, el cura da a entender que sabe dónde se esconde; no es que lo dijera expresamente, pero los padres intuyeron por su actitud que lo sabía, por lo cual se mostraron agradecidos por su solidaridad.

COMENTARIO CRÍTICO.
Nos encontramos con un fragmento en prosa de la novela Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender. El tipo de discurso que predomina es el narrativo, junto al descriptivo, como es propio del género novelesco.
En cuanto a su estructura interna podemos señalar las siguientes partes teniendo en cuenta que el cura está esperando el comienzo de la misa en la sacristía. Estas partes se centran en dos recuerdos:
De la línea 1 a la 5: Recuerdos del cura de los días de revuelta que se sucedieron en el pueblo después de la llegada de unos forasteros que comenzaron a asesinar a mucha gente.
De la línea 6 hasta el final, que son los recuerdos sobre Paco el del Molino. A su vez podemos señalar dos partes:
De la línea 6 hasta el 9, que es la descripción de cuál era la situación del padre de Paco; los forasteros no se metieron con él, porque don Cástulo lo había protegido.
De la línea 10 hasta el final que se centra en los recuerdos de la visita que mosén Millán efectuó al padre de Paco, que era el único que sabía dónde se encontraba su hijo. En esta entrevista, el cura dio a entender que sabía el paradero de Paco, por lo cual el padre le agradece su silencio.

El tema: Los recuerdos de Mosén Millán centrados en la violencia acaecida en su pueblo al comienzo de la guerra civil y en la visita que realizó a la familia de Paco cuando éste se había escondido.

ACTITUD E INTENCIÓN.
El Realismo Social de la época propugnaba una actitud objetiva a la hora de narrar por parte del autor. Prácticamente desaparece como comentador de lo que cuenta y solo se dedica a narrar, describir y componer unos diálogos que dicen los personajes. Sin embargo, en general, la novela de los escritores exiliados es bastante conservadora en el planteamiento narrativo: él selecciona lo que quiere contar y crea los personajes según la intención comunicativa de toda la obra, por lo tanto su actitud es subjetiva.
La intención última de este fragmento, dejando claro su intención estética general como obra de arte que es, es construir la personalidad de Mosén Millán, personaje atormentado por su delación en las circunstancias de violencia vividas en su parroquia. Una vanidad innecesaria será nefasta ya que traerá como consecuencia la muerte de su ahijado y también los remordimientos consecuentes para él.
También, en el fragmento, vemos cómo se construye el personaje de Cástulo, que protege al padre de Paco. Este vecino rico se le presenta cómo persona que sabe estar a bien con todos.

TIPO DE TEXTO.
El texto es literario, un fragmento de una novela; en concreto pertenece al género narrativo. Como tal nos encontramos unos hechos protagonizados por unos personajes que son contados por un narrador, que los sitúa en un tiempo y espacio determinados.
Las formas de elocución básicamente son la narración, la descripción y el diálogo. En las partes narrativas el narrador hace avanzar la acción; esto se consigue sobre todo con el uso de los pretéritos perfectos: No dijo el cura concretamente que lo supiera…La ironía de la vida quiso… (19) Es un narrador externo, que no participa en la acción, por eso narra en 3ª persona.
Las partes descriptivas son bastantes; estas se hacen en pretérito imperfecto: El padre de Paco lo escuchaba sin responder, un poco pálido (12).
Y también tenemos diálogos. En estilo directo: -Lo que está sucediendo… (11) Pero también es estilo indirecto: Cástulo… diciendo que era trigo limpio (7) También se reproducen los pensamientos de los personajes de manera directa: “Si lo sabe, y no ha ido con el soplo, es…” (22, 23)
El registro lingüístico del texto es culto. El autor utiliza todos los recursos que le ofrece el lenguaje y los recursos literarios para componer su historia. Sin embargo, cuando reproduce los diálogos de los personajes refleja la forma de ser de éstos y nos encontramos coloquialismos: ir con el soplo (22), hombre enterizo (23), era trigo limpio (7), echarle mano al hijo (8).

VALORACIÓN DEL CONTENIDO Y DE LA FORMA DEL TEXTO, ASÍ COMO SU REPRESENTATIVIDAD Y DE SU RELEVANCIA EN LA TRAYECTORIA DEL AUTOR.
El fragmento que comentamos es muy duro, pero muy representativo de lo que pasa en conflictos civiles, como sucedió en nuestra guerra civil. En un conflicto de esa naturaleza, también en cualquier guerra, no hay vencedores y sí mucha desgracia generalizada. El cura pertenecería al bando vencedor, pero para él esa experiencia va a ser dramática porque, aparte del drama social, vemos sobre todo su conflicto personal al cabo del año de la muerte de Paco. Si en el intervalo entre el toque de campanas que anuncia la misa y el comienzo de ésta, el cura repasa la relación que mantuvo con él resaltando los momentos en los que claramente se vislumbra una simpatía mutua, es para resaltar su papel de colaborador en el desenlace tan funesto y absurdo, cuando dice dónde se esconde Paco y colabora en su captura.
La figura del cura es patética no solo porque no se opusiera a la violencia que se ejerció, sino por haberse implicado de manera absurda en el apresamiento de Paco. La consecuencia de su vanidad es que va tener que compartir un secreto, cuando el padre le revele el paradero, del que inmediatamente se arrepiente de saber.
Las consecuencias de este conflicto las sufrirán especialmente los que perdieron la guerra, pero también los que la ganaron. El personaje que representa este drama personal es el de Mosén Millán. Solo, sin feligreses, acompañado solo por el alcalde y los ricachones, que sucesivamente se echan la mano a la cartera para pagar la misa, pagar su culpa, como si con este detalle intentaran honrar la memoria del muerto.
El tema que se plantea y los hechos que se narran son actuales desgraciadamente. Las guerras se suceden constantemente, incluso, la civiles, como lo es la guerra civil que se libra en Siria y casi en Egipto, o la pasada en Libia. Parece que los seres humanos no somos capaces de resolver los conflictos, sobre todo cuando éstos están en manos de líderes megalómanos, si no es guerreando. Esto es deprimente.



TEMA O TEMAS DEL FRAGMENTO EN RELACIÓN CON LOS TEMAS DE LA OBRA.
El tema fundamental del fragmento son los recuerdos de Mosén Millán centrados en la violencia acaecida en su pueblo al comienzo de la guerra civil y en la visita que realizó a la familia de Paco cuando éste se había escondido.
En este breve fragmento de la obra podemos ver dos temas recurrentes en la novela.
La violencia es uno de los temas fundamentales del fragmento y de la obra, sobre todo a partir del estallido de la Guerra Civil, cuando llegan los falangistas de la ciudad, momento que rememora mosén Millán. Previamente a este episodio, cuando los vecinos se sublevan contra el duque para no pagarle los arriendos de los pastos mientras no se resolviera el litigio en los tribunales y se enfrentan a los guardianes, lo hacen con argumentos –les prometen ser los encargados de los canales de riego y de una subida de sueldo- frente a la defensa que ellos hacen de la propiedad privada armados con carabinas.
Esa violencia está ligada a la revancha propiciada por don Valeriano, que acuciaba a los señoritos de la ciudad a matar a más personas. Pero en otros casos, es una sed de violencia innecesaria y gratuita, como cuando ametrallan el carasol donde se reúnen las mujeres a coser y a hablar de sus cosas.
El estudio de la condición humana, sobre todo en sus manifestaciones más absurdas, es también una preocupación del autor que podemos ver reflejada en el fragmento que se comenta. En este episodio se pone de manifiesto la vanidad absurda del religioso. Sin unas razones claras, con su actitud, da a entender al padre de Paco que sabe y calla el lugar don su hijo está escondido. La muestra evidente de esta actitud pueril es que el mismo mosén Millán, cuando el padre haga mención del lugar exacto donde se oculta, se arrepiente de saberlo. Por vanidad absurda termina cargando con un conocimiento –saber el escondite de Paco- que no sabrá administrar. Esto teniendo en cuenta que es un sacerdote y que tiene el deber de guardar el secreto de confesión. La falta que comete le atormentará toda la vida: no solo no fue capaz de librar de la muerte a su feligrés, sino que reveló un secreto más solemne que si se hubiera sido hecho en un confesionario, más cuando el pobre Paco, como acto de contrición, antes de ser fusilado, se arrepiente de sus pecados delante de Mosén Millán.


CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO DEL AUTOR, LA OBRA Y EL FRAGMENTO DE LA CASA DE RÉQUIEM DE RAMÓN J. SENDER. (Breve caracterización de la época y movimiento a que pertenece. Lugar que ocupa la obra en el género y en la trayectoria del autor. Lugar que ocupa el fragmento en ella).
[Contexto histórico] Ramón J. Sender nace en 1901. El novelista vive en primera persona la dictadura de Primo de Rivera, años en los que, para imponer el orden social, los militares, con el beneplácito de Alfonso XIII, toman el poder. Sin embargo, su éxito como gobernantes se reduce a controlar militarmente el Norte de África. El fracaso de Primo de Rivera se produce cuando el rey se va de España y se proclama la Segunda República, desde 1932 a 1936. En los primeros años se acometieron grandes reformas sociales que no continuaron en los años siguientes (Bienio Negro) por la presión de los conservadores y la desunión de los grupos liberales. Cuando el Frente Popular gana las elecciones de 1936, hay una separación absoluta entre la España conservadora y la liberal. En este clima hay un golpe militar encabezado por las tropas africanas del general Franco. A Sender le afectan personalmente estos sucesos, pues en estos primeros momentos del estallido bélico, en julio de 1936, cuando veraneaba con su mujer y sus hijos en San Rafael (Segovia), ésta cayó prisionera en manos de militares sublevados y fue fusilada sin juicio en octubre de 1936. Cuatro meses antes un hermano del novelista había sido fusilado por los mismos. Sender pasó a las filas republicanas y, una vez vencida la República, hubo de salir de España.
[Contexto literario] La narrativa de los años treinta, como la poesía, había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social tras abandonar la deshumanización de los años veinte que se preocupaba por las formas. En esta línea se encuentra la literatura de R.J. Sender. Además, él, junto a más de trescientos mil españoles, abandonó España, para evitar verse en la cárcel o ante un pelotón de fusilamiento. Unos murieron en el exilio, como Sender, otros regresaron a España después de la muerte de Franco. A partir de 1960, la literatura en el exilio va extinguiéndose.
Es difícil hablar de unos rasgos comunes entre estos escritores del exilio por la lejanía de los países donde residieron y por la diferente concepción de la literatura que tenían antes de exiliarse. A pesar de ello, se puede hablar de unos rasgos comunes: el conservadurismo formal y la temática relacionada con la guerra es diferente a la que se sigue en España.
[El autor y su obra] Esta novela mezcla la ficción con los sucesos reales o históricos. Esta forma de creación quizá tenga que ver con su profesión de periodista ejercida en su juventud. Este acercamiento a hechos concretos, muchos de ellos relacionados con cuestiones sociales o políticas, ha sido habitual en la producción narrativa de Sender, ya que casi en todas las obras intenta novelar hechos concretos: así su obra más ambiciosa, los nueve tomos de la Crónica del alba, escritos entre 1942 y 1966, Sender evocó su propia juventud y adolescencia para hacer un testimonio de las circunstancias históricas de esa época; la novela El rey y la reina (1949) y Los cinco libros de Ariadna, (1957) están ambientadas en la guerra civil española, al igual que la obra analizada. 


COMENTARIO DE LA ESTRUCTURA EXTERNA E INTERNA DE LA OBRA Y LOCALIZACIÓN DEL FRAGMENTO. (Partes de que consta, sentido y relevancia de cada una de ellas y contextualización del fragmento en la obra).
La novela no está dividida en capítulos, sino en secuencias que se corresponden con las distintas etapas de la vida de Paco.
La estructura interna es circular, porque empieza y acaba en el mismo punto. Mosén Millán aparece vestido para ofrecer la misa de réquiem por Paco, muerto hace un año. En media hora que está en la sacristía, al hilo de la llegada de tres personajes, Mosén Millán va repasando la biografía de Paco desde que lo bautizó hasta que lo confesó antes de morir. Paralelamente a estos recuerdos del sacerdote, el monaguillo canta un romance sobre Paco, con una función semejante a la del coro de la tragedia griega; en este romance se cuenta la muerte del protagonista.
La novela está estructurada en dos grandes secuencias temporales: la del presente, que desarrolla una acción interna (el conflicto de Mosén Millán con su conciencia) y la del pasado, que reconstruye la vida de Paco y pone de manifiesto las injusticias y crímenes cometidos cuando estalla la guerra civil española.
La secuencia del presente se desarrolla en la sacristía de la iglesia durante media hora, que es el tiempo que transcurre entre el primer toque de campanas hasta el comienzo de la misa. Mosén Millán realiza un examen de conciencia mientras espera a que aparezcan los familiares y los amigos de Paco.
Los protagonistas son Mosén Millán (y el monaguillo) y otros tres personajes más: don Valeriano, don Cástulo y don Gumersindo. Además, aparece al final el potro de Paco, que es su símbolo. No aparecen familiares ni amigos de Paco.
Las secuencias del pasado están protagonizadas por Paco el del Molino, el representante de los campesinos españoles de la época, desde que nace hasta que muere con 25 años y se cuenta su vida. Mosén Millán y sus recuerdos determinan los altos en el tiempo y en el espacio. La fusión de los dos planos (presente y pasado) se realiza a través del verbo “recordar” o de sus sinónimos, que sirven para pasar del presente (en la iglesia) al pasado (que relata la vida de Paco).
Esta parte se organiza en ocho secuencias repartidas en dos partes:
La primera parte corresponde con la infancia y la adolescencia de Paco (15 años); se narra con detalle. Dominan los motivos ambientales de un costumbrismo rural alegre y feliz, en el que las celebraciones profanas y religiosas se van alternando. Algunas situaciones crudas ponen en cuestión la felicidad un poco idealizada de esta comunidad. Muchas de estas celebraciones son religiosas (bautizo, comunión, confirmación, semana santa). El carácter primitivo y semipagano de estas celebraciones religiosas queda resaltado por la presencia de elementos supersticiosos y misteriosos que se superponen a los elementos cristianos.
La quinta secuencia es de transición: contiene elementos de las dos partes. Abarca unos cinco años (el noviazgo y la boda).
La segunda parte la componen las tres últimas secuencias (regreso del viaje de novios). En este momento la cronología se hace mucho más precisa (abril 1931, verano). El ritmo cada vez es más rápido, hasta precipitarse al final. Domina el trasfondo histórico. La sexta secuencia relata los cinco años de la 2ª República. La séptima, la semana entre el levantamiento del 18 de julio y la denuncia de Mosén Millán. La octava relata el rendimiento y la muerte de Paco.
La narración alternativa de estas secuencias tiene como efecto el asegurar la continuidad de la experiencia traumática del pasado en el presente. La guerra ha terminado, pero sus efectos continúan en el presente incluso para los vencedores, todos dispuestos a redimir su papel poco ejemplificante.
(Contextualización del fragmento) El fragmento hay que situarlo en las secuencias del pasado de la novela, en la segunda parte y próxima al desenlace. Don Valeriano y don Gumersindo han regresado al pueblo y se les ve muy seguros de sí mismos. A los pocos días, llegaron unos señoritos de la ciudad que instauraron un clima de violencia asesinando y propinando palizas a ciertos vecinos que estaban en contra del rey. Estas mismas personas otorgan al duque, con pleno derecho, la propiedad de los montes donde pastaba el ganado de varios pueblos. En esta tesitura, Paco el del Molino se ha escondido. Por un afán absurdo y sin una razón de peso, Mosén Millán visita a su familia y acaba por saber el paradero donde se oculta. El cura, por una parte, se arrepiente de tener esa información; pero, por otra, le gusta presumir o dejar que los demás crean que él sabe ese secreto. Al final, presionado por don Valeriano y, sobre todo, por el centurión, acabará por revelar el escondite. Además, cuando el prófugo presente oposición a su captura, mediará para que se rinda pensando que va a tener un juicio justo. Craso error, porque esa misma noche será fusilado.

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE LOS PERSONAJES DEL FRAGMENTO Y SU FUNCIONALIDAD EN LA OBRA.
Los personajes que aparecen en el fragmento son el cura y el padre de Pepe el del Molino. Se mencionan también a dos ricos del pueblo: don Valeriano y don Cástulo.
Mosén Millán aparece en las secuencias del pasado y del presente. En las secuencias del presente está sentado en un sillón de la sacristía rezando y recordando a la vez la vida de Paco el del Molino. No abre los ojos para no hablar con los ricos del pueblo, que son los únicos que han acudido a misa y se adentran en la sacristía. Parece un hombre muy fatigado y atormentado.
Quería a Paco como si fuese su hijo, pero, al final, lo delató cuando éste se escondió en las Pardinas para evitar ser apresado por los señoritos llegados de la ciudad. Es precisamente en esta entrevista con el padre del muchacho cuando éste le dice sin pensar el lugar exacto dónde se encuentra su hijo creyendo que no decía nada nuevo. Absurdamente, por una parte, se lamenta tener esta información comprometedora; pero, por otra, se pavonea de que sabe el escondite delante, por ejemplo, de don Valeriano.
A esta traición hay que sumar su insensibilidad social. Se llevaba mejor con los ricos que con los pobres. También era un defensor de lo tradicional desde el punto de vista político. No supo valorar los cambios que se estaban produciendo. Fue incapaz de comprender la sensibilidad de Paco con los pobres y los que sufrían desde cuando éste era niño.
El padre de Paco es un agricultor acomodado. Cultiva sus propias tierras y, en ocasiones, contrata a jornaleros para tareas puntuales. Como persona, es un padre preocupado por el bienestar de su familia y la prosperidad de su hacienda. Por su hijo, está dispuesto a realizar penitencia en una procesión de Semana Santa para que se librara de cumplir el servicio militar. Su deseo es que su hijo continúe de labrador. Aunque no es muy religioso, respeta la figura del cura, al que agradece en este fragmento su silencio sobre el paradero de su hijo, y contribuye con la iglesia con dos donativos anuales. Con preocupaciones de justicia social, aunque se presenta como concejal, pronto delegará también en su hijo esta responsabilidad, como espera ceder el testigo en el cultivo del campo.
Con menos protagonismo en el fragmento, se mencionan dos de los ricos del pueblo: don Valeriano y don Cástulo.
Don Valeriano es otro rico propietario de tierras y administrador de la hacienda del duque. Defiende los intereses de la oligarquía terrateniente y el sistema político conservador. En el primer papel, de administrador, cobra una cantidad de dinero a los vecinos que lleven a pastar su ganado a los montes del duque; por esta razón se enfrentará a Paco y al pueblo entero. Desde el punto de vista político, cuando se produce la sublevación militar, colabora con los rebeldes, a los que anima a liquidar a muchos de sus vecinos de ideología contraria a la suya. Los señoritos le nombrarán alcalde.
Por último, el señor Cástulo, aunque defiende su estatus por su condición de rico, sabe en qué lugar y con quién debe estar en cada momento, según la situación política. Sin embargo, es llamativa la protección que brinda al padre de Paco cuando la sublevación ya se ha producido.

TÉCNICA NARRATIVA EN EL FRAGMENTO Y RELACIÓN CON LA TÉCNICA DE LA OBRA (Tipos de narrador, puntos de vista empleados, tratamiento del tiempo y del espacio)
El fragmento comienza con una secuencia del presente que inmediatamente se conecta con el pasado a través del verbo recordaba.
El personaje más relevante del fragmento es el cura: aparece como un personaje atormentado en las secuencias del presente y como muñidor de la revelación por parte del padre del escondite donde se ocultaba su hijo, en las secuencias del pasado.
El espacio donde se desarrollan las secuencias del presente son la sacristía y la iglesia. En las secuencias del pasado, el espacio es el pueblo en general. Es una localidad de la que no se aporta el nombre, aunque se dice que está ubicada próxima a la línea de la provincia de Lérida. La escena del pasado del fragmento es la casa del padre de Paco el del Molino. Es un espacio interior en el que han ocurrido sucesos ya contados anteriormente, como los banquetes para celebrar el bautizo y la boda del protagonista. En la secuencia narrativa comentada aparece la esposa de Paco, por lo que hay que deducir que el nuevo matrimonio vive con los padres. En todo caso, hay que anotar que no se proporcionan muchos detalles de la configuración de esos espacios.
El tiempo externo de la narración es más o menos 1937: ha pasado un año desde el estallido de la Guerra Civil. El tiempo interno es la media hora de meditación y oración en la que está sumido el sacerdote. A través de sus recuerdos, se recrea la vida de Paco el del Molino hasta que éste es fusilado con 25 años; en concreto, el fragmento hace referencia a los últimos días de vida del protagonista, cuando oculto intenta huir de los señoritos que están sembrando el terror en el pueblo. También se reconstruyen las circunstancias sociales y políticas que rodearon a todos los personajes, incluido el propio cura; lo vemos, por ejemplo, en la línea 2: Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera, que, sin embargo, parecía educada.
El ritmo de la narración es más dinámico en las secuencias del pasado, sobre todo en la segunda parte. Los hechos se narran como si fuera un esbozo de la tragedia que vivieron los personajes; por ejemplo, los desórdenes del comienzo de la contienda son enumerados solo nombrándolos: “Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera, que, sin embargo, parecía educada”. En cambio, en la primera parte de las secuencias del pasado, el ritmo es más lento recreando en muchas ocasiones el ambiente idílico del pueblo.
El autor cuenta la historia con un narrador omnisciente (que sabe todo de los personajes y de los hechos); una muestra lo vemos en la línea 7: Nadie más que el padre de Paco sabía dónde su hijo estaba. Mosén Millán fue a su casa”. Su presencia es absoluta en las secuencias del presente. A este narrador omnisciente, en las secuencias del pasado, se añade el punto de vista de Mosén Millán y del monaguillo, sobre los hechos contados en el romance de composición popular, centrado en el relato desde que lo prenden hasta que lo ejecutan. En esta cita de la línea 4 y 5 se puede observar la participación del cura, aunque rápidamente se pasa al punto de vista del narrador omnisciente: “Pensaba el cura en Paco. Su padre estaba en aquellos días en casa. Cástulo Pérez lo había garantizado diciendo que era trigo limpio. Los otros ricos no se atrevían a hacer nada contra él esperando echarle mano al hijo”. Otro narrador de las secuencias del pasado, que no aparece en el fragmento, es el monaguillo, que delimita lo que hay de leyenda y de cierto en el relato de los últimos momentos de la vida de Paco: es un narrador testigo porque él estuvo presente en la ejecución del protagonista. La recitación del romance anónimo por el auxiliar del cura permite al lector conocer de antemano detalles del final.
Para finalizar, hay que resaltar que el interés del narrador se reparte entre el qué (la historia) y las circunstancias en que se produjeron los hechos: el espacio físico y el carácter de los personajes a través de lo que dicen, de cómo van vestidos, de su manera de actuar y, sobre todo, a través de lo que piensan.



ANÁLISIS Y COMENTARIO DEL LENGUAJE Y EL ESTILO DEL FRAGMENTO EN RELACIÓN CON LA OBRA A LA QUE PERTENECE. (Concepción del autor del género literario, lenguaje que configura el estilo de la obra)
(Concepción del autor del género literario) Esta novela mezcla la ficción con sucesos reales o históricos, algo que ha sido habitual en la producción narrativa de Sender, ya que casi todas las obras intentan novelar hechos concretos: así su obra más ambiciosa, los nueve tomos de la Crónica del alba, escritos entre 1942 y 1966, Sender evocó su propia juventud y adolescencia para hacer un testimonio de las circunstancias históricas de esa época.
Otra característica de su novela es su simbolismo y la intencionalidad política de denuncia. El título de “Réquiem por un campesino español” resalta la intención política. Según palabras del propio autor, los sublevados lo único que hicieron fue defender los derechos feudales de una tradición ya olvidada en el resto del mundo. En la novela, el duque representa la aristocracia terrateniente de la época, que se apoya en don Valeriano (el cacique) que era su administrador. Se resistían a cualquier intento de cambio, contando con el apoyo de la Iglesia.
Hablando de los postulados del Realismo Social propios de la literatura de los años cincuenta, la novela pretende reflejar una situación concreta, que el autor cree injusta, para denunciarla. Junto a esta intención social y política, podemos hablar de intención moral. A Mosén Millán lo abate su sentido de culpabilidad. Acepta resignadamente el estado de la sociedad, por más que se le rebele injusto pensando que si Dios lo permite, es por algo.
(Estilo) En cuanto al estilo, podemos decir que se mezcla narración con pocas descripciones y diálogos no muy extensos.
En la narración predominan los perfectos simples y compuestos, pluscuamperfectos,... con los que se relatan hechos concretos del pasado ya acabados, que dan un ritmo más o menos rápido según la parte de la novela. En el fragmento podemos ver cómo de manera esquemática se cuentan todos los disturbios de esos días en la línea 2: Disparos por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella gente forastera… Las oraciones son breves, muchas de ellas, oraciones simples, sobre todo en esta segunda parte en la que los hechos se relatan rápidamente. Una muestra de este estilo de frase corta la podemos ver en las líneas 4, 5 y 6: Pensaba el cura en Paco. Su padre estaba en aquellos días en casa. Cástulo Pérez lo había garantizado diciendo que era trigo limpio. Los otros ricos no se atrevían a hacer nada contra él esperando echarle mano al hijo.
Las descripciones no son abundantes y las que aparecen son escuetas. La descripción de lugares o de personajes no es muy precisa y se realiza con unos pocos adjetivos. Los verbos están en pretérito imperfecto resaltando la duración en el tiempo, como en la línea 9: El padre de Paco lo escuchaba sin responder, un poco pálido.
Los diálogos son muy cortos. En las secuencias del presente el cura solo pregunta al monaguillo. A los ricos del pueblo, los escucha pero no los contesta. En el pasado, los diálogos son más realistas. En todo caso, los diálogos en estilo directo son pocos; alguna intervención suelta de un personaje, como, por ejemplo, en la línea 8: -Lo que está sucediendo en el pueblo -dijo- es horrible y no tiene nombre. Los verbos introductorios van solos, sin apostillas relativas a la actitud del personaje: dijo. El estilo directo no solo se utiliza en los diálogos, sino para reproducir los pensamientos de los personajes, con una actitud propia del narrador externo omnisciente; así lo apreciamos en la línea 16: Miró al cura pensando precisamente lo que mosén Millán quería que pensara: «Si lo sabe, y no ha ido con el soplo, es un hombre honrado y enterizo». 
No hay alardes retóricos en este estilo sobrio y preciso. Como mucho encontramos algún símil en descripciones con el objetivo de caracterizar; por ejemplo, en las líneas 9 y 10: Vio ir y venir a la joven esposa como una sombra, sin reír ni llorar… Mosén Millán pensaba que sin risa y sin llanto la vida podía ser horrible como una pesadilla.
Abunda el léxico religioso y campesino. Son frecuentes los coloquialismos, las frases hechas, refranes..., como, por ejemplo, la expresión utilizada en la línea 6: Cástulo Pérez lo había garantizado diciendo que era trigo limpio. Los otros ricos no se atrevían a hacer nada contra él esperando echarle mano al hijo. O, al final del texto en la línea 15: La ironía de la vida quiso que el padre de Paco cayera en aquella trampa. También en la expresión de la línea 17: no ha ido con el soplo.
En conclusión, su estilo es conciso, sencillo, natural,...


VALORACIÓN DEL CONTENIDO Y DE LA FORMA DEL TEXTO, ASÍ COMO SU REPRESENTATIVIDAD Y DE SU RELEVANCIA EN LA TRAYECTORIA DEL AUTOR.
El fragmento que comentamos es muy duro, pero muy representativo de lo que pasa en conflictos civiles, como sucedió en nuestra guerra del 36. En un conflicto de esa naturaleza, también en cualquier guerra, no hay vencedores y sí mucha desgracia generalizada. El cura pertenecería al bando vencedor, pero para él esa experiencia va a ser calamitosa porque, aparte del drama social, vemos, sobre todo, su conflicto personal al año de la muerte de Paco. Si en esa media hora, el cura repasa la relación que mantuvo con Paco, destacando los momentos en los que claramente se vislumbra una simpatía mutua, es para resaltar su culpabilidad en su muerte al revelar el lugar dónde se escondía y colaborar en su captura.
La figura del cura es patética no solo porque no se opusiera a la violencia que se ejerció, sino por haberse implicado de manera absurda en el apresamiento de Paco. La consecuencia de su vanidad es que va tener que compartir un secreto, cuando el padre le revele el paradero, del que inmediatamente se arrepiente de saber.
Las consecuencias de este conflicto las sufrirán especialmente los que perdieron la guerra, pero también los que la ganaron. El personaje que representa este drama personal es el de Mosén Millán. Solo, sin feligreses, acompañado solo por el alcalde y los dos ricachones, que sucesivamente se echan la mano a la cartera para pagar la misa, pagar su culpa, como si con este detalle intentaran honrar la memoria del muerto.
El tema que se plantea y los hechos que se narran son actuales desgraciadamente. Las guerras se suceden constantemente, incluso, la civiles, como lo es la guerra que se libra en Siria. Parece que los seres humanos no somos capaces de resolver los conflictos si no es guerreando, sobre todo cuando la resolución de éstos depende de líderes megalómanos. Esto es deprimente.
En cuanto a la forma, se ha de resaltar la actitud casi fría con la que se relatan los hechos, a pesar de que el autor sufrió en carne propia las consecuencias del conflicto bélico. Con esta impersonalidad narrativa seguramente busca un distanciamiento al ser sus ideas políticas y sociales contrarias a las del bando vencedor. Esta desnudez narrativa se manifiesta también en la casi inexistencia de recursos literarios.
La creación literaria de Ramón J. Sender es amplísima, destacando sobre todo como novelista, pero prácticamente ha tocado todos los géneros literarios. La novela que nos ocupa no es la única que tiene como trasfondo la guerra. Habría que añadir otros relatos ambientados en esta contienda: Contraataque (1938), El rey y la reina (1947), Los cinco libros de Ariadna (1957), así como las tres últimas novelas de su enealogía Crónica del alba (1943).
Réquiem por un campesino español es una más de las novelas españolas de postguerra que está ambientada en la guerra civil española de 1936, como se ha dicho con anterioridad. La primera versión de la novela se publicó en 1953 y en 1960 se hizo una segunda edición en EEUU con el título actual. Se prohibió en España hasta 1974. A pesar de la breve extensión y una temática no original, la novela está considerada como una las mejores de la literatura española del siglo XX.

VALOR ESTILÍSTICO DE LOS ADJETIVOS DEL PRIMER PÁRRAFO.
Los adjetivos que encontramos en este párrafo están sobre todo en las cuatro primeras líneas, donde hay una descripción de los primeros días de la guerra civil en el pueblo efectuada desde el punto de vista del cura. En este sentido hallamos estructuras atributivas propias de la descripción: se sentía atribulado y confuso (2) con un verbo semicopulativo; parecía educada (4).
De los adjetivos que modifican directamente al sustantivo, hay dos especificativos, necesarios porque seleccionan al nombre: gente forastera (3) y trigo limpio (7); y otros dos explicativos, antepuestos, que proyectan subjetividad, como son los recuerdos de una persona al describir los acontecimientos que rememora: horrible confusión (1), un epíteto y malas pasiones (2,3).
La mayor parte de estos adjetivos llevan implícitas en su significado connotaciones negativas que ayudan a crear en el lector la atmósfera de caos, miedo, irracionalidad e inseguridad que pretende hacernos revivir Sender a través de la evocación de Mosén Millán.

VALOR ESTILÍSTICO DE LOS VERBOS.
Al comentar los verbos, lo primero que hemos de señalar es su abundancia, propia de una narración, y su variedad, reflejo de la riqueza narrativa del fragmento y de la novela. Analicemos  algunos.
El pretérito imperfecto de indicativo es utilizado sobre todo en descripciones. Pero hemos de diferenciar dos planos narrativos. En presente, mientras Mosén Millán está en la sacristía, recuerda y describe los acontecimientos acaecidos en el pueblo al estallar la guerra civil: recordaba (1), sentía (2), Mosén Millán pensaba que sin risa… (14); y otros, también descriptivos, que se sitúan en el pasado cuando se reconstruye lo que acaeció en esos días: Y don Valeriano se lamentaba (4), su padre estaba en casa (6), El padre de Paco lo escuchaba (12).
Tenemos un pretérito pluscuamperfecto de indicativo en la línea 7, Cástulo Pérez lo había garantizado, que expresa una acción en pasado anterior a otra también pasada: su padre estaba en casa.
El otro tiempo representativo del texto es el pretérito perfecto simple, con el cual se consigue que la acción avance: fue (9), dijo (11), vio (13), dio la impresión (17) …
Analicemos los presentes de indicativo, que aparecen en los diálogos en estilo directo: Lo que está sucediendo… y no tiene nombre (11). El primero es una perífrasis verbal aspectual durativa. También, cuando se reproducen directamente lo que el cura quiere que piense el padre de Paco: “Si lo sabees un hombre honrado…”
Comentaremos a continuación la presencia de una perífrasis modal de obligación, cuyo verbo personal está pretérito imperfecto: el padre y la esposa tenían que agradecerle su silencio.
Encontramos un presente intemporal en la línea 16: …en los que la amistad tiene a veces… cuando se intenta con un principio del comportamiento humano general explicar la actitud del cura.
Todos los tiempos están en indicativo, modo en el que se presentan los hechos o las descripciones como reales y de manera objetiva, algo que pretende el narrador objetivista. Al mismo tiempo, se narra en tercera persona, pues el narrador no participa en los hechos que cuenta. Por último, la variedad de tiempos verbales refleja los distintos planos narrativos de la novela.