lunes, 19 de diciembre de 2011

Comentario de texto 2 de El estudiante de Salamanca / José Espronceda



Mientras, la ronda frenética             
que en raudo[1] giro se agita,              
más cada vez precipita                      
su vértigo sin ceder;                          
más cada vez se atropella,
más cada vez se arrebata,    
y en círculos se desata                       
violentos más cada vez:    
[…]
Y a tan continuo vértigo,
a tan funesto encanto,                      
a tan horrible canto,                         
a tan tremenda lid[2];                          
entre los brazos lúbricos[3]
que aprémianle sujeto,                      
del hórrido esqueleto,                      
entre caricias mil:                              

Jamás vencido el ánimo,   
su cuerpo ya rendido,                       
sintió desfallecido                            
faltarle, Montemar;                           
y a par que más su espíritu                
desmiente su miseria                        


la flaca, vil materia                             
comienza a desmayar.                       

Y siente un confuso,                        
loco devaneo,                    
languidez, mareo                              
y angustioso afán:                             
y sombras y luces                              
la estancia que gira,                           
y espíritus mira                  
que vienen y van.
[…]                    
y siente luego                     
su pecho ahogado                            
y desmayado,                     
turbios sus ojos,                               
sus graves párpados                         
flojos caer:                         
la frente inclina                  
sobre su pecho,                
y a su despecho,                                
siente sus brazos                              
lánguidos, débiles,                            
desfallecer.                         

Y vio luego        
una llama                           
que se inflama                    
y murió;                             

y perdido,                          
oyó el eco                           
de un gemido                    
que expiró.                         

Tal, dulce                           
suspira                               
 la lira                  
que hirió,                           
en blando                          
concepto,                          
del viento                          
la voz,                
leve,                    
breve                  
son[4].                   

En tanto en nubes de carmín y grana
su luz el alba arrebolada[5] envía,          
y alegre regocija y engalana  
las altas torres al naciente día;             
sereno el cielo, calma la mañana,
blanda la brisa, trasparente y fría,
vierte a la tierra el sol con su hermosura              
rayos de paz y celestial ventura.                          
Y huyó la noche y con la noche huían
sus sombras y quiméricas[6] mujeres,
y a su silencio y calma sucedían           
el bullicio y rumor de los talleres;
y a su trabajo y a su afán volvían         
los hombres y a sus frívolos placeres, algunos hoy volviendo a su faena
de zozobra y temor el alma llena:       

¡Que era pública voz, que llanto arranca            
del pecho pecador y empedernido,
que en forma de mujer y en una blanca túnica misteriosa revestido,
aquella noche el diablo a Salamanca
había en fin por Montemar venido!...
Y si, lector, dijerdes ser comento[7],
como me lo contaron, te lo cuento.  

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1.         Estructura externa.
Fragmento de la obra en verso El estudiante de Salamanca de José Espronceda. El texto objeto de comentario se sitúa en el cuarto canto, al final, cuando muere don Félix de Montemar.
Los tipos de discurso más importantes son la narración, casi todo el fragmento, y la descripción, por ejemplo, del amanecer a partir del verso 64/71.
Desde el punto de vista métrico, resaltamos la polimetría y la adaptación de los versos al contenido: para expresar cómo poco a poco se extingue la vida del protagonista, los versos van decreciendo de octosílabos a trisílabos.
Veamos con más detalles estos pormenores. Del verso 1 al 32 nos encontramos con tres octavillas agudas o italianas, aunque la medida de los versos no es igual: en la primera son octosílabos; en la segunda y tercera, heptasílabos; y la cuarta hexasílabos. Esta estrofa es la combinación de ocho versos octosílabos o menos en que el cuarto y el octavo poseen rima aguda, y segundo y tercero riman entre sí, así como el sexto y séptimo, quedando sueltos primero y quinto. Fue una estrofa muy popular a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, y se utilizó frecuentemente para el canto por su gran musicalidad.
A continuación nos encontramos dos estrofas muy desiguales: una que va desde el verso 33 al 44, formada por doce versos pentasílabos entre los cuales algunos riman en consonante y otros quedan libres; otra estrofa de versos tetrasílabos que va del verso 45 al 52; y otra de once versos trisílabos, con las mismas características que las anteriores en cuanto a la rima. No obstante, hay que recalcar la presencia de dos rimas agudas: una siempre en el último verso y otra en el medio.
Por último, nos encontramos tres octavas reales formadas por versos endecasílabos con rima consonante. Los seis primeros versos riman alternados (primero con tercero y quinto; segundo con cuarto y sexto). El séptimo y el octavo riman entre sí. (ABABABCC)

2.         Estructura interna.
El texto se puede dividir en dos partes:
La primera desde el verso 1 al 63 en el que se relata la muerte de don Félix Montemar abrazado por el esqueleto fantasma de doña Elvira, rodeados por un círculo de espectros que danza alrededor de ellos.
La segunda parte del verso 64 hasta el final en la que se describe el alba de un nuevo día en la ciudad de Salamanca donde la gente comienza vivir una nueva jornada yendo cada uno a sus quehaceres. Pronto se corre el rumor de que don Félix ha muerto esa noche de manera misteriosa.
El narrador se dirige al lector –narratario- para asegurar que él solo ha contado lo que decían esos rumores.

3.    Tema.
Agonía y muerte de don Félix de Montemar a manos del esqueleto fantasma de doña Elvira.

4.    Resumen.
El fantasma esqueleto de doña Elvira abraza cada vez más intensamente a don Félix hasta que éste va perdiendo poco a poco la conciencia, la visión y, aturdido por el agobio de un grupo de esqueletos que danza alrededor de la pareja, acaba muriendo reclinando la cabeza en el hombro de ella. Lo último que oye es su suspiro. Momento en el que el alba ilumina la ciudad de Salamanca y sus habitantes despiertan para dirigirse cada uno a sus tareas. En estas primeras horas corre el rumor de que uno de sus vecinos más conocido había muerto de manera extraña esa noche.

5.    Características propias de la poesía y literatura románticas que podamos comentar a propósito de este texto.
El texto llama la atención por la métrica. La polimetría propia de la poesía romántica aquí se desborda con versos y estrofas de distintas características.
Los dos últimos versos del fragmento y de toda la obra nos revela el origen de la narración, una leyenda, que Espronceda recrea; es decir, tiene un carácter historicista. Podemos señalar, aunque no hay muchas referencias temporales, que la historia se retrotrae en el tiempo, pues se nos dice en el canto tercero que don Diego, el hermano de doña Elvira vino de Flandes para vengar la muerte de su hermana. Flandes perteneció a la corona española hasta el siglo XVII.
El protagonista es el prototipo de personaje romántico: libertino, valiente, provocador, varonil… No obstante, su conducta es castigada con la muerte y la condenación eterna. Si comparamos el personaje de don Félix con el Don Juan Tenorio de Zorrilla, siendo dos personajes muy parecidos en sus hábitos y concepción narrativa, observamos que Zorrilla le salva gracias al amor de de doña Inés; aquí, a pesar de que hay reminiscencias aún de amor por parte de doña Elvira, don Félix se condena por su obstinación. El tema romántico, el amor más allá de la muerte, es uno de los motivos que mueven la narración.
La ambientación también es romántica con esos seres de ultratumba que danzan y cantan alrededor de los dos amantes. El espacio, un cementerio con panteones abiertos, palacios desiertos… ayudan a crear una ambientación tenebrosa y de misterio, acrecentada por ser por la noche cuando sucede toda la acción. En contraposición, el amanecer trae la serenidad y alegría a la ciudad.

6.     Figuras literarias.
FIGURA
VERSO
CITA
INTERPRETACIÓN
Exclamación
80/85
¡Que era pública voz…
Lo raro de lo sucedido en la noche se acrecienta con esa oración exclamativa con la que la gente va corriendo la voz de los hechos acaecidos.
Paranomasia
10/11
encanto / canto
Parecido fonético de las dos palabras que desde el punto de vista semántico más bien son opuestas.
Epítetos
en todo el texto
ronda frenética,
tremenda lid, hórrido esqueleto
Se resaltan cualidades ya presentes en los sustantivos para resaltarlas.
Polisíndeton
72/79
Y huyó la noche y con…
El amanecer supone que la ciudad despierta y sus habitantes laboriosos comienzan el ajetreo diario y no paran de hacer cosas; esa laboriosidad se acrecienta con el uso repetido de la conjunción.
5 y 6
más cada vez se atropella…
Paralelismos
9/12
a tan continuo vértigo…
Se repite en los primero cuatro versos de la estrofa el siguiente esquema sintáctico: preposición + adverbio + adjetivo + sustantivo. Se consigue ritmo.
Elipsis
79
…de zozobra y temor el alma llena:
Se suprime o se sobreentiende el verbo declarativo decían.
Enumeración
25/32
33/44
…y siente luego….
Hay una serie de palabras consecutivas que sirven para describir la agonía de don Félix: pecho ahogado y desmayado, turbios sus ojos, sus graves párpados…
Símil
53/63
Tal, dulce suspira la lira
Lo último que oyó don Félix es el suspiro de doña Elvira que le llega igual de débil que el sonido arrancado por el viento a una lira. 
Personificación
Hipérbaton
64/63
El alba envía su luz…
Se dota de vida y de acción humana a un momento del día como es el alba.
Además encontramos bastante desorden sintáctico: el alba envía su luz arrebolada…
En toda esta estrofa se atribuyen estados anímicos propios de las personas a fenómenos de la naturaleza: sereno el cielo, calma la mañana, rayos de paz… Hay una identificación del amanecer apacible con la gente normal que se levanta un nuevo día después de haber descansado, en contraposición a la noche turbulenta, onírica vivida por don Félix.
Metonimia
22/24
la flaca, vil materia comienza a desmayar
Antes se ha mencionado su espíritu. El ser humano es cuerpo y alma. Para expresar el desfallecimiento de don Félix, solo se hace referencia a la materia, cuerpo, como la que se desvanece y su espíritu aún continuara viviendo independientemente.
Hipérbole
16
entre caricias mil
Exageración de las caricias que acaban siendo el tormento que le lleva a la muerte asfixiándolo.




[1] Veloz.
[2] Lucha
[3] Propenso a la lujuria.
[4] Sonido.
[5] Color rojo de las nubes iluminadas por los rayos del Sol.
[6] Que es ilusorio, imaginado,sin fundamento.
[7] Embuste, mentira disfrazada con artificio.

Comentario de texto de El estudiante de Salmanca / José de Espronceda.

Empero un momento creyó que veía
   un rostro que vagos recuerdos quizá,
y alegres memorias confusas, traía      
de tiempos mejores que pasaron ya.   

Un rostro de un ángel que vio en un ensueño,
como un sentimiento que el alma halagó,
que anubla la frente con rígido ceño,   
sin que lo comprenda jamás la razón.             
Su forma gallarda dibuja en las sombras
el blanco ropaje que ondeante se ve,   
y cual si pisara mullidas alfombras,
deslízase leve sin ruido su pie.            
[…]
         
DON FÉLIX           
   «¡Qué! ¿sin respuesta me deja?        
¿No admitís mi compañía?    
¿Será quizá alguna vieja           
devota?... ¡Chasco sería!         
   En vano, dueña, es callar,    
ni hacerme señas que no;       
he resuelto que sí yo,  
y os tengo que acompañar.     
   Y he de saber dónde vais    
y si sois hermosa o fea,
quién sois y cómo os llamáis.
Y aun cuando imposible sea,  
   y fuerais vos Satanás,          
con sus llamas y sus cuernos,
hasta en los mismos infiernos,           
vos delante y yo detrás,          
 hemos de entrar, ¡vive Dios!  
Y aunque lo estorbara el cielo,            
que yo he de cumplir mi anhelo          
aun a despecho[1] de vos:
   y perdonadme, señora,       
si hay en mi empeño osadía,  
mas fuera descortesía
dejaros sola a esta hora:         
    y me va en ello mi fama,
que juro a Dios no quisiera     
que por temor se creyera        
que no he seguido a una dama.»         

Del hondo del pecho profundo gemido,          
crujido del vaso que estalla al dolor,        
que apenas medroso lastima el oído,     
pero que punzante rasga el corazón;                 
gemido de amargo recuerdo pasado,    
de pena presente, de incierto pesar,
mortífero aliento, veneno exhalado         
del que encubre el alma ponzoñoso[2] mar;                     
Gemido de muerte lanzó y silenciosa    
la blanca figura su pie resbaló,              
cual mueve sus alas sílfide[3] amorosa     
que apenas las aguas del lago rizó.


AMIG@, NO TE SERVIRÁ DE MUCHO ESTE COMENTARIO SI PREVIAMENTE NO HAS TRABAJADO EL TEXTO. HAZ UN ESFUERZO E INTENTA COMENTARLO TÚ PRIMERO; LUEGO CONSÚLTALO. ¡ÁNIMO!
  1. ESTRUCTURA EXTERNA.
Fragmento en verso de El estudiante de Salamanca, de José de Espronceda. En el texto encontramos los siguientes tipos de discurso: en algunas partes hay descripciones poéticas, como por ejemplo la descripción del gemido v.41/49, o de la propia mujer-fantasma de los versos 11-12; hay también narración con la cual avanza la acción, como en el verso 1, “Un momento creyó…” o en el verso 49, “Gemido de muerte lanzó…”; y tenemos un parlamento de un diálogo en estilo directo, precedido del nombre del personaje que habla en los versos 13/40, “¡Qué! ¿sin respuesta me deja?...
En el fragmento nos encontramos versos con distinta medida, característica propia de la poesía romántica; por tanto se trata de un poema polimétrico.
Distinguimos las partes narrativas y descriptivas en las que los versos son dodecasílabos; por lo tanto versos de arte mayor compuestos, con rima consonante encadenada con la siguiente distribución: A B A B. Se trataría de serventesios, aunque los versos de esta estrofa suelen ser endecasílabos.
En el parlamento de don Félix encontramos versos octosílabos; por tanto, versos de arte menor. Éstos se agrupan de cuatro en cuatro con rima consonantes formando dos estrofas que se van alternando: cuartetas con rima a b a b y redondillas con rima a b b a.

  1. ESTRUCTURA INTERNA.
Podemos establecer tres momentos en el desarrollo de la acción:
Primero, de la línea 1/12: Don Félix cree reconocer la cara de la mujer que se ha encontrado por la noche. Comprueba que su rostro, su talle y su forma de andar es esbelto.
Segundo momento, verso 13/40: Don Félix se dirige a ella para que le diga quién es y cómo se llama. Ante su silencio, insiste para que tenga la certeza de que la acompañará a casa e intenta disculparse por su insistencia, pero no está dispuesto a que su fama de hombre apuesto y galán se ponga en entredicho si la dejara sola.
Tercer momento, verso 41/52, como respuesta, la dama lanza un suspiro de dolor, de resignación ante lo inevitable y de amor al mismo tiempo y comienza a caminar.

  1. TEMA.
Empeño de don Félix en conocer a la misteriosa dama que acaba de encontrar en la noche salmantina y resignación de ella ante la insistencia del galán.

  1. RESUMEN.
En el transcurso de la noche salmantina don Félix creyó reconocer el hermoso rostro de una mujer que iba cubierta con un velo blanco. Su cuerpo esbelto y femenino también le resultaba familiar. Ante el silencio de ella, don Félix le habla para mostrar el empeño en conocerla y saber quién es y,  en todo caso, no dejarla sola en medio de la noche, pues si alguien se enterara se pondría en entredicho su fama de galán. La mujer fantasma, ante tanto empeño, solo suspira; un suspiro, por una parte que es de cariño; por otra, de resignación ante la condición tan temeraria del caballero. Y así, resignada, comienza a caminar.

  1. CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO PRESENTES EN ESTE TEXTO.
Ya hemos comentado el uso de polimetría en un mismo poema, fruto de la libertad que los poetas románticos sentían a la hora de escribir que se plasmaba en el no respeto de las normas clásicas. El lenguaje es bastante grandilocuente y enfático; lo podemos observar en el parlamento del personaje que es muy apropiado a su personalidad.
El tema del amor unido a la muerte es bastante recurrente en el Romanticismo; ya lo hemos comprobado en Noches lúgubres de Cadalso. El protagonista, don Félix, un galán donjuanesco, es al mismo tiempo prototipo de personaje romántico: vive la vida sin estar sometido a  ninguna norma ni a ninguna persona. En cuanto a sus características se presenta como un hombre varonil, apuesto y muy valiente. También provocador y sin respetar las creencias religiosas básicas. El argumento desarrollado tiene un carácter historicista pues recrea una leyenda, característica también del movimiento. El lugar donde se sitúa, en Salamanca, con sus callejuelas medievales, y la ambientación nocturna con aparición de fenómenos fantásticos, como la presencia de la mujer fantasma –doña Elvira-, también es algo muy habitual entre los románticos.

  1. PRINCIPALES FIGURAS LITERARIAS.
FIGURA
VERSOS
CITA
INTERPRETACIÓN
Interrogación retórica
15
¿Será quizá alguna vieja devota?
Pregunta o duda que se hace a él mismo.
Exclamación
16
¡Chasco sería!

Apóstrofe
17
dueña
Forma apelativa con la que se dirige a la dama.
Polisíndeton
21…
Y…
Repetición de la conjunción y a partir de esos versos. Don Félix no parará hasta averiguar todo de ella: y he de saber…  y si sois hermosa o fea… y cómo os llamáis…
Hipérbaton
Personificación
9/10
Su forma gallarda dibuja en las sombras el blanco ropaje…
El blanco ropaje dibuja en las sombras su forma gallarda. Al colocar al inicio del verso su forma gallarda, se resalta esta cualidad de la figura que impresiona a don Félix.
Se atribuye al vestido la acción de dibujar. El vestido contornea.
Anáforas
38, 39, 40
Que…
Que…
Repetición de esas dos conjunciones que producen ritmo.
Paralelismo
43 y 44
…medroso lastima el oído/
Punzante rasga el corazón.
En el final de estos dos versos hay una misma estructura sintáctica que produce ritmo.
Hipérbole
8
Sin que lo comprenda jamás la razón
Este tipo de exageraciones son muy propias del carácter exaltado de los románticos. Por otra parte, esta lucha entre la razón y los sentimientos está presente en sus preocupaciones.
Antítesis
18, 19
Sí / No
Parejas de palabras que resaltan la oposición entre los deseos de los dos personajes.
22
Hermosa / fea
28
Delante / detrás
28
Vos / yo
Símil
6
Como un sentimiento que el alma halagó.
La contemplación de la belleza que creyó ver reconforta al alma sin que lo pueda entender desde un punto de vista racional.
Símil
Epíteto
11
Cual si pisara mullidas alfombras.
El silencio con el que se mueve se compara como si pisara alfombras o el aleteo silencioso de una sílfide
Se resalta una cualidad inherente a las alfombras: mullidas; sílfide: amorosa.(Epítetos)
Símil
51
Cual mueve sus alas sílfide amorosa
Metáfora
5
Un rostro de un ángel…
El término real sería una mujer muy hermosa
Metáfora
Elipsis
Hipérbaton
Rima en eco
Aliteración

41
Del hondo del pecho profundo gemido (exhaló)/ crujido del vaso que estalla al dolor

Se sobreentiende el verbo, -elipsis.
Es un suspiro doloroso e hiriente por los sentimientos amorosos que expresa la dama con él. Su intensidad es tal desde el punto de vista emocional que parece el crujir de un vaso cuando se rompe.
Tenemos dos aliteraciones: una de la vocal velar o, que acrecienta la sensación de profundidad de donde sale el suspiro, de lo más profundo. Y otra de de r y a que reproduce el ruido al romperse un vidrio (crujido, dolor y el estallido (a)
Metáfora
47
Mortífero aliento, veneno exhalado…
Ese gemido es de alguien que ha muerto, ella.



[1] Ofensa o disgusto para ella.
[2] Sustancia que tiene en sí cualidades nocivas para la salud, o destructivas de la vida. Se refiere al mar, “malsano, nocivo mar”.
[3] Ninfa, ser fantástico o mitológico elemental del aire. También, mujer muy hermosa y esbelta: “Con ese régimen te has quedado hecha una sílfide”.