lunes, 25 de febrero de 2013

Comentario de la rima RIMA LXXIII de Gustavo Adolfo Bécquer


Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos;
taparon su cara
con un blanco lienzo;
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterios,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!


De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!


En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.


Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos...!


¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos, los muertos!

ESTRUCTURA EXTERNA
Se trata de un texto completo escrito en versos de seis sílabas, hexasílabos que se agrupan en estrofas de ocho versos. Estas estrofas, llamada octavillas al ser los versos de arte menor, se agrupan de tres en tres; en el medio nos encontramos con la repetición de un estribillo, formado por dos versos que se ajustan a la rima asonante en los pares del conjunto de versos. Este estribillo sufre una variación al final del poema.
El ritmo es trocaico al caer el acento rítmico en sílaba impar.
Encabalgamientos suaves encontramos en los versos 21/22, 79/80.
ESTRUCTURA INTERNA.
Podemos establecer las siguientes partes teniendo en cuenta el contenido y la separación de estrofas por medio del estribillo en cuatro partes:
1ª Versos 1/24, tres primeras estrofas: muerte de una niña al amanecer.
2ª Versos  27/50, las tres siguientes estrofas: traslado del cuerpo a una capilla al atardecer donde se queda sola.
3ª Versos 53/76, las tres siguientes: entierro y despreocupación del sepulturero después de realizar su trabajo.
4ª Versos 79/104: las tres últimas estrofas: recuerdo del poeta de esa niña y meditación a propósito de la muerte.
TEMA. Meditación sobre la muerte y la soledad de los muertos a propósito del fallecimiento de una niña.   
RESUMEN.
Una tarde de invierno, el poeta piensa en la soledad de los muertos y en el significado de la vida al rememorar la muerte de una niña. Esos recuerdos abarcan desde el fin de la agonía, cuando le cierran los ojos y le tapan el rostro cuando amanece un nuevo día,  y cuando, posteriormente, trasladan su cadáver a una capilla de una iglesia, donde al atardecer el cuerpo se queda solo hasta el día siguiente. Entonces se celebra el funeral. Su cuerpo lo meten en un nicho, que un sepulturero tapa distraídamente, sin participar de la conmoción por esa muerte.

FIGURAS LITERARIAS.
NOMBRE
VERSO
EJEMPLO
INTERPRETACIÓN
Epíteto
4
Con un blanco lienzo
Se resaltan unas cualidades que son inherentes a esas cosas.
33
de amarillas velas
Hipérbaton
27
De la casa, en hombros,
Lleváronla al templo
La alteración del orden sintáctico pone de relieve las palabras que aparecen en primer lugar: de la casa; al dar de las ánimas
35/36
Al dar de las ánimas
el toque postrero
Paralelismo
22/23
de vida y misterios
de luz y tinieblas
Se consigue ritmo
95 y 96
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
33734
de amarillas velas
y de paños negros.
 53 y 61
De la alta campana…
Del último asilo
Antítesis
23
de luz y tinieblas
Oposición de significados.
Sinécdoque
63
Abrió la piqueta
el nicho a un extremo
La indiferencia del enterrador se acrecienta al referirse a él a través de la herramienta que utiliza para abrir el nicho, como si fuera una cosa, no una persona.
Metáfora
54
De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
La lengua de hierro se refiere al badajo que golpea las paredes de la campana.
Interrogaciones
retóricas
95/98
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
Con ellas reflexiona sobre el sentido de la vida.
Epifonema
99/104
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos, los muertos!

Frase exclamativa final del poema que encierra la idea o sentimiento que resume todo él.